domingo, 27 de diciembre de 2009
Motivos para tener un blog
viernes, 18 de diciembre de 2009
El Belén desamparado
miércoles, 9 de diciembre de 2009
Del Software Libre
lunes, 30 de noviembre de 2009
Una charla inolvidable
lunes, 23 de noviembre de 2009
Todo es mentira
martes, 10 de noviembre de 2009
El muro de Berlín
lunes, 9 de noviembre de 2009
Trazar sobre la superficie de un lago
Todo escritor de mirada bohemia y penetrante ha de declararse, invariablemente, de izquierdas, aunque su concepción cultural y literaria sea rabiosamente clasista, elitista y diferenciadora.
Literatura de apariencia, de pose, efímera, poesía escrita para ser leída sólo y únicamente por poetas.
lunes, 2 de noviembre de 2009
Descansa en paz, Padrino Búfalo.
Descansa en paz, Padrino Búfalo.
miércoles, 21 de octubre de 2009
Los viajes de Lucas Ventura
viernes, 16 de octubre de 2009
He tenido la Gripe A
lunes, 5 de octubre de 2009
Periódicos viejos
Pero amigos, si acudimos al periódico del 1 de Abril de 1939 (fecha oficial de finalización de la contienda), nos encontramos con la misma cabecera, pero ahora el contenido es muy diferente: los republicanos se han convertido en rojos, los traidores, en gloriosos caudillos y la segunda guerra de la independencia, en la “gloriosa cruzada contra los rojos”.
Entiendo que para el desorientado subscriptor del ABC estos cambios de rumbo debían mantenerle, ciertamente, perplejo.
domingo, 27 de septiembre de 2009
¡Ponte el casco, no seas bruto!
lunes, 21 de septiembre de 2009
Política mente
Me opongo porque sí, porque lo dices tú que eres del otro partido. Si lo dijera mi partido estaría a favor, independientemente de lo que pensara. Soy político, me va la vida en ello: las cenas, los viajes, las dietas, las influencias... Salgo con mi mujer y parezco un marqués, algunos me saludan por la calle, noto como los vecinos me sonríen (aunque a mis espaldas me calumnien), me piden consejo, me escuchan, me hacen sentir importante mientras les hablo.
sábado, 5 de septiembre de 2009
Un año ya
sábado, 22 de agosto de 2009
El paladar maleducado
martes, 18 de agosto de 2009
Un atardecer

Hemos viajado al Algarve portugués. A veces sucede que te esperas algo bueno de algún sitio y te defraudas, pero en otras ocasiones sucede lo contrario. Éste es el caso. Llegado el verano mi mente sólo piensa en el norte. Llevo mal el calor, llevo mal la rutina del paisaje seco y amarillo de mi tierra durante estos meses. Y tampoco me han atraído nunca las playas abarrotadas del Sur. Pero me equivoqué, el Algarve es hermoso, no es verde, ni desborda esa melancolía portuguesa que inunda las ciudades de un tono y un olor tan especial, pero sus gentes tienen el mismo carácter humilde y abierto del resto del país.
Hace poco leí una encuesta en la que se decía que algunos portugueses estarían interesados en pertenecer a España. Es curioso porque yo he pensado muchas veces lo contrario, que no me hubiera importado haber nacido en Portugal, me identifico mucho más con ellos que con otras regiones. Me gusta su idioma (creo que sus locutores de radio son los mejores del mundo) y presumo de no andar escaso de lo que ellos llaman “saudade”.
Hablando de saudade, durante estos días de vacaciones lo pensé a menudo, mis hijos tienen actualmente 9 y 6 años, junto con mi mujer formamos un bloque familiar de lo más compacto, nosotros actuamos de jefes de la manada, mientras nuestros hijos se dejan guiar, correteando continuamente a nuestro alrededor. Ayer mismo, en la playa, persiguiendo sus pies por la arena, jugueteando, arrastrado por sus risas interminables, sentía que aquello que me pasaba era lo más parecido a la felicidad. Lejos de obligaciones, de enfermedades, de tristezas… sólo sus risas, sus besos, mis mordiscos… comprenderéis si os digo que me hubiera encantado parar el tiempo en ese instante, impedir que los años fueran envejeciendo mis pasos y alejando a mis hijos hacía su propio destino, entenderéis que os diga que lo hubiera dado todo porque aquel atardecer durara para siempre.
sábado, 25 de julio de 2009
Coupe de Soupe

Nos es que me guste planchar, ¿a quien le puede gustar planchar? Pero no es de las labores domésticas que más me desagrada. Mientras lo hago, entre planchado y planchado, a veces se me descoca la imaginación y me lo paso en grande. Otras veces aprovecho para reencontrarme con aquellos discos antiguos que ya apenas oigo, devorados por la furia insaciable de las novedades, cada vez más efímeras.
Hoy he escuchado a Coupe de Soupe, un grupo memorable para muchos cacereños de mi generación.
No es fácil saber cuando uno pasa de la infancia a la adolescencia, pero yo creo determinar de manera tajante cuando dejé de ser adolescente. Rompí con las amistades de mi infancia y me abracé a las amistades de mi instituto a partir de una excursión que se organizó en la semana santa de 1987. La banda sonora de aquel viaje loco, casi salvaje, fue un viejo casete que el conductor reponía una y otra vez. El disco tenía el extraño nombre de "Sonetos Amorosos Portugueses".
Por entonces la llamada movida madrileña estaba en pleno apogeo y sus sacudidas se hacían notar incluso por estas tierras. Coupe de Soupe era un grupo moderno, la voz de su cantante tenía ese toque bandarra que lo hacía singular y diferente, sus estribillos eran originales y pegadizos, incluso a día de hoy me siguen pareciendo una banda moderna, merecían haber tenido mucha más repercusión de la que tuvieron. Todavía me sorprendo cantando cada canción, como si las conociera de toda la vida, como si aquellos botellones quinceañeros en la plaza de Santiago, junto al bar La Chicha, aún se estuvieran produciendo.
La movida cacereña, los sansones del Extremeño, las copas en San Blas, la Gata Flora, El Campesino, La Furriona, El Capitol, el Duque, el Botellón en la plaza, La Madrila… qué se yo… la juventud en fin. Supongo que ahora los jóvenes cacereños tendrán sus lugares de diversión, no quiero pecar de creer que cualquier tiempo pasado fue mejor, pero a veces, paseando por la otrora bulliciosa Plaza Mayor, no puedo evitar pensar que ya nada es lo que era.
Hace unos años, tal vez 5 o 6, Coupe de Soupe se reunió en el Gran Teatro para dar un último concierto, por aquel entonces yo hacía la crónica cultural de la Revista Alcántara y tenía un pase de prensa que me permitía acudir a todas las actuaciones del Gran Teatro. Cuando quise entrar, como otras veces, el maldito revisor de las entradas no me permitió el paso, no tenía ninguna razón para hacerlo y a esas horas era ya imposible conseguir una entrada, por lo que me quedé en la calle. Nunca se lo perdonaré a aquel tipo huraño y malencarado. Me robó la oportunidad de reencontrarme con aquel aprendiz de jovenzuelo que un día fui, cantando por la Plaza de Santiago: ¡Mira la Iglesia se mueve!
lunes, 6 de julio de 2009
Dar la vuelta al mundo

Una de las características que definen el envejecimiento del espíritu es que perdemos nuestra capacidad de asombro. Por eso, siempre es reconfortante encontrarse con personas capaces de romper con lo establecido y que se dejan llevar por los sueños… hasta cumplirlos.
Durante nuestra estancia en Escocia, tuvimos la suerte de compartir algunas horas con una familia española que se encontraba, desde hace casi un año, realizando un viaje alrededor del mundo.
Y no se trataba de ninguna familia acaudalada y caprichosa, ni tampoco de una familia circense, ni hippy, ni underground, ni atolondrada. Era una familia normal. Un matrimonio relativamente joven, con dos hijas de 10 y 8 años, que habían comprendido la suerte de estar vivos en un mundo lleno de tantas posibilidades, de tantas cosas por ver, a menudo hermosas, como éste. Y llevaban 11 meses recorriéndolo: Estados Unidos, Centro América, Nueva Zelanda, Nepal, Sudáfrica, Argentina, Chile, La India, Australia, Japón, Escocia, Egipto… Su historia, su planteamiento y su itinerario podéis seguirlo desde su página web: http://www.nuestravueltaalmundo.com/
Yo se que un viaje de esas características, sobre todo con niños, lleva aparejado un coste, un peaje, un riesgo, que a muchos les puede resultar inasumible, como una gran locura, como un gesto inconsciente, casi egoísta. Pero cuando hablaba con Luis, cuando miraba a sus hijas, cuando me contaba el origen de su sueño, su determinación y su optimismo, todos los inconvenientes y nubarrones que yo mismo veía, desde este lado de Matrix, como él lo llamaba, se iban diluyendo, y en mi cabeza no dejaba de rondar aquella vieja frase que decía: Mejor morir que perder la vida.
sábado, 20 de junio de 2009
Buscando asombros.

A cada persona le asombra lo que desconoce. A mi no me sorprenden las ciudades medievales, a mi me sorprenden los acantilados. No me sorprenden los mares de encinas, sino las montañas verdes que desembocan en el mar. No me impresionan las cigüeñas, pero mi mirada se va tras cualquier gaviota. Por eso, porque somos animales de costumbres, las vacaciones han de servir de escape, recorrer lugares extraños, costumbres nuevas, paisajes distintos. No quiero una playa repleta de turistas, quiero una playa solitaria, en la que desemboque un río tímido y claro, y que el color verde, a pesar de estar en verano, inunde el horizonte, más allá de mi vista.
Mañana volamos hacia Escocia. Ya os contaré a la vuelta.
jueves, 4 de junio de 2009
El más débil

lunes, 25 de mayo de 2009
Los uruguayos.
Ya sé que se dice de ellos que, como los argentinos, hablan demasiado, filosofan demasiado, embaucan demasiado. Pero qué les voy a decir, a mi los uruguayos me caen bien. Comenté en alguna ocasión que uno de mis cantores de cabecera es Alfredo Zitarrosa, uruguayo que durante un tiempo vivió exiliado en España y cuyas canciones, para que suenen bien, han de ser cantadas desde más allá de las propias entrañas. También es conocido por quienes me rodean, mi admiración por Mario Benedetti, desgraciadamente fallecido la semana pasada, y uno de los poetas y autores de cuentos más influyentes para los de mi generación. Recuerdo la fascinación con la que vimos, un grupo de poetas al que por entonces yo pertenecía, la película “El lado oscuro del corazón”, de Eliseo Subiela, en la que aparecían algunos poemas de Benedetti (uno de ellos recitados por él mismo, si no recuerdo mal en perfecto alemán) y de Oliverio Girondo, que terminamos por aprender y recitar de memoria. Descanse en paz el viejo maestro. Hace dos años, durante un viaje a Galicia, coincidí en la playa con un hombre mayor que se ganaba la vida alquilando barcas de pedales por la playa, aquel tipo era uruguayo, para mí razón suficiente para entablar conversación con él, si por conversación se entiende su monólogo vital que hacía palidecer y perder cualquier atisbo de importancia a mi propia existencia. Todo lo que yo trataba de contar, resultaba anodino al lado de las peripecias que había vivido aquel hombre. En cuanto aparecía por la playa, allá estaba yo para escucharle hablar. Para rematar la entrada diré que llevo toda la semana con una canción de esas que uno no es capaz de sacársela de la cabeza. Como ustedes bien imaginan, es de un autor uruguayo, solo seis años mayor que yo (como pasa el tiempo). Se llama Jorge Drexler, para muchos uno de los mejores cantautores actuales, los que no lo conozcan, por favor, no dejen de escucharlo.
martes, 12 de mayo de 2009
Hasta siempre, Antonio.

La música ha estado siempre presente a lo largo de mi vida, de una manera estrecha ha ido adornando cada uno de los pasos que he recorrido. Igual que con el olor, la música tiene la capacidad de remontar los recuerdos a lugares, a personas y a momentos que he vivido.
Hoy ha muerto Antonio Vega, ese cantante que arrastraba tras de si las hojas de la nostalgia, caminando con su guitarra en una mano y la muerte en la otra.
No era demasiado fan de Nacha Pop, pero recuerdo, allá por el año 1991 un concierto en Radio 3 de Antonio Vega, que grabé en mi viejo casete y que fue un absoluto descubrimiento. Aún no había sacado su primer disco en solitario y aquellas canciones inéditas me acompañaron intensamente durante muchos meses, con el regusto añadido de paladear lo desconocido; nunca me gustaron las canciones manoseadas.
Aquellos meses concerté con la que ahora es mi mujer, una de nuestras primeras citas. Para ella yo era entonces aquel chico alto que le había prestado una bolsa repleta de cintas de música, hasta el punto de que me llamaba: “el chico de las cintas”. Mi objetivo era enamorarla musicalmente, y organicé un viaje con el coche de mi padre, al lugar que, por aquel entonces, me resultaba más fascinante: la ciudad de Marvao, en Portugal.
Ella no iba suficientemente segura, por lo que se hizo acompañar de una de sus mejores amigas, y así marchamos los tres, una mañana de sábado, hacia las tierras del Alentejo con mis cintas de casete resonando en el viejo coche y reservando, para el momento adecuado, aquella grabación de Antonio Vega.
Aquel viaje no resultó tan especial como yo hubiera deseado, tardaría aún años en convencer, a aquella chica morena y tremendamente guapa, de que se convirtiera en mi mujer.
Entre medias, aún tuvimos la oportunidad de acudir juntos al Gran Teatro, a ver a aquel cantante desmejorado y frágil, acariciando su guitarra como un ángel triste.
Hoy, cuando me enteré de la muerte de Antonio Vega, sentí de verdad un escalofrío, y un nudo en la garganta. De repente empezó a resonar en mi cabeza una canción suya, y pude ver mi imagen, en aquel Kadett gris oscuro de mi padre, repleta mi cabeza de pájaros y de ilusiones, camino de Portugal junto a aquellas dos chicas… de ayer.
lunes, 4 de mayo de 2009
Cosas intrascendentes

Mi hijo nació cuando yo tenía 29 años. Lo suficiente como para tener todavía mi propia infancia muy presente. Por eso me sorprende ver que muchas de las cosas que yo hacía de niño ya no se hacen. Eso de estar todo el día en la calle, jugar al fútbol en la carretera, cazar tarántulas, encender hogueras, jugar a los bolindres, a las chapas… parecen asuntos de otro tiempo. No digo que mi infancia fuera mejor ni peor, lo que digo es que era distinta.
La figura del padre, por ejemplo. Yo apenas recuerdo jugar con mi padre de pequeño, es más, apenas recuerdo a ningún padre jugando con sus hijos por la calle. Ahora los padres nos hemos transformado en muchos casos en un amigo más de nuestros hijos. Salimos a montar en bicicleta juntos, jugamos al fútbol juntos y hacemos aventuras juntos. No me quejo, he de decir que lo pasamos fenomenal, sólo constato la diferencia.
Hoy, sin ir más lejos, hemos estado en el pueblo de mi mujer. En una pared de piedra se escondían decenas de arañas, de esas que realizan sus nidos en las oquedades. Cuando yo era pequeño nos divertíamos arrojando hormigas a esos agujeros, hasta que la araña salía y en un movimiento rapidísimo, cazaba a la hormiga y se la llevaba hacia dentro (otras veces colocábamos petardos para ver que pasaba). Me dí cuenta de que mi hijo, en sus nueve años, nunca había presenciado semejante ritual y le llamé. Cogimos una hormiga del suelo y la depositamos en la red de la araña. En un momento salió el terrible insecto y se apoderó de la hormiga. Tanto mi hijo, como mi hija que también andaba por allí, se quedaron con la boca abierta.
Sé que es un relato intrascendente, pero para mí el paso del tiempo siempre es un motivo de asombro. Cuando mis hijos echaron a correr para contarles a todos lo que había pasado, yo me sorprendí a mi mismo apesadumbrado por haber cometido la crueldad de poner al alcance de aquella araña, a la indefensa hormiga. Cuando era niño este pensamiento ni se me hubiera pasado por la cabeza.
domingo, 26 de abril de 2009
Justificando ausencias
Esta semana se está celebrando la feria del libro en mi ciudad. Es verdad que Cáceres a partir de ahora encadena una serie de semanas en la que la ciudad bulle culturalmente. Lástima que el resto del año, ocurra lo contrario.
La primera vez que hablé con mi editor, nos planteábamos realizar la presentación del libro en la feria, es evidente que no hemos llegado a tiempo. No me importa, creo que presentar un libro que todavía nadie ha leído no es la mejor forma de acercarse al público. Otra cosa es que el libro o el autor ya tenga un recorrido largo. El jueves asistí a la presentación de “El caballero de Alcántara”, se Sánchez Adalid, me asustó contemplar la gran cantidad de público que arrastra este magnífico escritor. Me gustó su forma de expresarse y la tranquilidad con la que exponía sus ideas. Era claro, conciso, brillante y breve. Un buen maestro.
Por si fuera poco me adentré en la realización de un nuevo blog, esta vez un blog familiar (tengo 18 primos) y privado, en el que aportar las fotografías, historias y leyendas de mi familia paterna. He de decir que ha sido todo un éxito, creo que en una semana ha tenido más acceso que el mío en meses.
Pero qué quieren que les diga: “El mirador de Jaralunas”, aunque sea un mirador solitario, sigue siendo mi mirador.
martes, 14 de abril de 2009
No soy monárquico
Los reyes antiguos, que capitaneaban las tropas, tomaban decisiones transcendentales y se jugaban su cargo, o incluso su vida, en cada una de ellas, eran otra cosa. Algo más parecido a un héroe. Pero éstos que vinieron después, en poco se parecían a sus antecesores y no en pocas ocasiones vendieron a la patria por permanecer en el trono.
No creo en los privilegios de cuna, creo que todos los individuos que nacen han de tener los mismos derechos, y que debe ascender aquel que tenga más cualidades y lo merezca. La historia está repleta de ejemplos que destruyen el mito de los linajes, me resulta anacrónico plantear la antigüedad de las familias, o la pureza de la sangre. Todos somos igual de antiguos y nuestra sangre es una mezcla de muchas sangres, afortunadamente.
El heredero del rey puede ser un buen rey, o no serlo. Ésa es la cuestión. Porque el cargo de monarca no se reelige, ni caduca.
Si me dan a elegir yo diría como Conan Doyle: prefiero que me gobiernen los héroes.
martes, 7 de abril de 2009
La Semana Triste
No es ningún secreto que muchos de los hermanos cofrades viven estas celebraciones con absoluto fervor y fe, pero también es cierto que algunos no pisan una Iglesia ni colaboran en causa solidaria alguna, sin embargo ahí están con sus túnicas planchadas, su porte orgulloso y sus gafas de sol. No seré yo, no obstante, quién critique esos comportamientos, allá cada cual con su forma de entender la religión.
Tampoco entiendo bien ese empeño continuo por mostrar imágenes de dolor y sufrimiento. Como si la figura de Cristo y de la Virgen se redujera al momento fatal de Su muerte. Los capuchones, las velas, el silencio, las lágrimas… Todo tan triste, tan lúgubre…
Yo creo que el mensaje de Jesús nunca fue triste, que su muerte fue terrible, como la de las miles de personas que en esa época eran crucificadas, pero que su ejemplo, con el que yo me quedo, tiene mucho más que ver con el perdón y el respeto a los demás, que con la corona de espinas.
Puestos a pensar en Cristo, prefiero imaginármelo jugando con unos niños o dialogando alegre con sus amigos o sanando enfermos, antes que crucificado y triste por las calles.
lunes, 30 de marzo de 2009
La bailarina

Algunos años después volví a coincidir con ella. Me sorprendió esta vez que en cuanto comenzaron las primeras notas del baile, la niña huyó del salón y se refugió en un sillón apartada de todos. Cuando pude me acerqué a ella y le pregunté por el motivo de su enfado. ¿Acaso ya no te gusta bailar? No – me respondió – dicen que bailo igual que un pato.
Ignoro quien fue el culpable de truncar su carrera de bailarina, de amarrar con complejos su niñez de antaño, de hacerla mayor y encadenarla a aquel asiento gris. Sólo sé que sus ojos tristes en nada se parecían a los que tenía cuando, unos años antes, giraba una y otra vez sobre sí misma, libre como una peonza agitada al viento.
jueves, 19 de marzo de 2009
El valor de las cosas
Si se pudiera medir la relación entre el esfuerzo de la escritura y el rendimiento económico recibido de ese esfuerzo, nos encontraríamos ante un negocio ruinoso. A pesar de todo, sigo escribiendo, incansable al desaliento, porque afortunadamente en la vida hay cosas más importantes que el dinero, circunstancias que le dan color a los días, experiencias que te hacen crecer por dentro, sentimientos que no se pueden comprar.
Sólo los escogidos pueden intentar vivir de esto. Nuestra sociedad no premia estas singularidades. En los colegios e institutos se minusvaloran las capacidades relacionadas con la literatura, la música, la danza y todo lo que tenga que ver con las Bellas Artes. Parece como si el objetivo pedagógico de nuestro sistema educativo sea convertir a todos los alumnos en futuros universitarios y, si es posible, que culminen el recorrido como profesores o catedráticos. Pero, ¿qué sucede si en el ciclo formativo hay un bailarín, un pintor, o un escritor en potencia? Sencillamente, que deberá seguir el camino marcado, porque el sistema no contempla el apoyo de ese tipo de “tareas menores”.
Y eso que, a pesar de todo, tengo la sensación de que a nuestro mundo le iría mucho mejor si hubiera más bailarines que economistas, más escultores que promotores urbanísticos y más poetas que políticos.
Mientras tanto uno se habitúa a la contradicción que supone ganar dinero por lo rutinario y fácil, como si se avergonzara de no saber distinguir, en realidad, el precio y el valor de las cosas.
domingo, 8 de marzo de 2009
Digan lo que digan
Puede que tengan razón. Yo creo que nos estamos acercando a un suceso que va a cambiar nuestra forma de actuar e incluso de convivir, que va a alterar nuestra escala de valores, pero eso no tiene porqué ser necesariamente malo.
Es verdad que con los años he perdido totalmente la fe en los políticos, que no me fío de los periodistas, ni de los economistas, ni de los obispos. Es verdad que cada vez me resulta más incomprensible que mientras una parte del mundo vive en la abundancia otra se muera de hambre… pero yo tengo fe en el ser humano.
Yo creo que hay más gente buena que mala, y creo que esa gente algo tendrá que decir ante la situación que se avecina. Creo que nuestra sociedad es manifiestamente mejorable, que debe existir un modo de gobierno que esté por encima de la forma de entender la política que existe ahora, donde parece que sólo vale el quítate tú para que me ponga yo. Creo que se pueden hacer las cosas con sentido de la responsabilidad, sin corrupción. Creo que si todas las personas de buena fe nos pusiéramos de acuerdo y comprendiéramos el poder de esa unión, podríamos ser capaces de cambiar el mundo.
No soy pesimista. Yo creo en el hombre bueno.
martes, 24 de febrero de 2009
Tarde de poemas
Yo llevaba dos libros, dos antologías poéticas: una de Ángel González y otra de José Hierro. Con cada poema que leíamos despacio, pausadamente, con detenimiento, el efecto que provocaba en ella y en mí era el mismo, un escalofrío que te hacía tiritar por dentro. Alguien, sin tantos remilgos estéticos como voy teniendo, diría que pasamos la tarde, mi madre y yo, estremecidos de belleza.
MUERTE EN EL OLVIDO (Ángel González)
VIDA (José Hierro)
domingo, 15 de febrero de 2009
La gloria

Durante la visita tuve a mi alcance muchos libros sobresalientes, pero yo iba a la búsqueda de unos en especial, hace años llegaron a mis manos ejemplares antiguos de la Revista Alcántara y sabía que en aquella nave debían refugiarse algunos números olvidados. No me fue difícil localizarlos. En realidad aquella revista, no tenía el formato típico de una revista sino más bien de un libro pequeño, en donde se hablaba de literatura, de historia, de pensamiento, de Extremadura… con el particular estilo y la forma de entender la cultura de mediados del pasado siglo.
(Hace años, en tiempos en los que la revista era dirigida por Marcelino Cardalliaguet, tuve la suerte de ser colaborador habitual de esta publicación, durante más de 5 años realicé la crónica cultural y en ocasiones participé con mis poemas o con el contenido de alguna esporádica conferencia, aunque soy consciente de que para entonces la revista ya no era lo que fue)
Releyendo uno de aquellos números antiguos, un escultor, ya fallecido pero todavía reconocible, hablaba con otro compañero sobre el hecho de que a través de sus obras habían alcanzado la gloria.
Tendría que haber hablado con él para saber cuál era su concepto de gloria, pero si realmente la gloria significaba para ellos algo así como el reconocimiento sino eterno si al menos de las generaciones venideras, debería decirles que se equivocaron.
Recuerdo leer algo parecido en una entrevista que le hicieron al escritor Francisco Umbral, en donde el empalagoso entrevistador le preguntaba: ¿Cómo ve el mundo alguien que, como usted, ha alcanzado la gloria? – y el escritor respondía complacido, que lo veía de tal o cual manera.
Pero el tiempo pasa, y la gloria no respeta a casi nadie, no sabe de endiosamientos, es tan efímera que lo devora todo en cuestión de escasos años.
¿Qué pensará la calavera, en otro tiempo altanera, del escultor, al saber que se dirige inexorablemente a la fosa del olvido? ¿Qué pensaría Umbral si hubiera sabido que la misma mañana de su entierro, no sólo su féretro no fue llevado en un carro tirado por caballos camino del cementerio, como él esperaba, sino que las portadas de la mayoría de los periódicos fueron copadas por la de un joven jugador de fútbol del Sevilla llamado Antonio Puerta?
La gloria para ellos fue como la fulana que les prometía amor eterno y que a la mínima les dejó plantados en medio de la nada.
miércoles, 4 de febrero de 2009
El pueblo

He crecido con la idea impuesta de que nada podía imponerse frente al capitalismo, el comunismo fracasó y parece como si en su fracaso se llevara cualquier atisbo de rebeldía. Pero yo me niego a pensar así. Yo creo en el hombre libre, creo que debe haber otra forma de hacer las cosas, más justa, más equitativa, más razonable.
Hay un poema de Pablo Neruda, que yo conocí en la voz del gran Alfredo Zitarrosa, que se llama “El Pueblo” y que habla de tantos millones de personas que no son banqueros, ni futbolistas, ni actores famosos, ni militares, ni políticos, pero que forman esa marea abrumadora, anónima y mayoritaria que hicieron los caminos, labraron los huertos, construyeron los puentes, tejieron las telas y, cuando fue necesario, fueron los juguetes rotos en las manos de sus gobernantes.
Si toda esa masa gris, de la que formo parte, parara un momento y supiera distinguir lo que tiene valor de lo que no lo tiene, y supiera valorar en su medida lo que nos hace evolucionar como seres vivos, quizás, otro gallo nos cantaría.
El pueblo (Pablo Neruda)
De aquel hombre me acuerdo y no han pasado
sino dos siglos desde que lo vi,
no anduvo ni a caballo ni en carroza:
a puro piedeshizo
las distancias
y no llevaba espada ni armadura,
sino redes al hombro,hacha o martillo o pala,
nunca apaleó a ninguno de su especie:
su hazaña fue contra el agua o la tierra,
contra el trigo para que hubiera pan,
contra el árbol gigante para que diera leña,
contra los muros para abrir las puertas,
contra la arena construyendo muros
y contra el mar para hacerlo parir.
Lo conocí y aún no se me borra.
Cayeron en pedazos las carrozas,
la guerra destruyó puertas y muros,
la ciudad fue un puñado de cenizas,
se hicieron polvo todos los vestidos,
y él para mí subsiste,
sobrevive en la arena,
cuando antes parecía
todo imborrable menos él.
En el ir y venir de las familias
a veces fue mi padre o mi pariente
o apenas si era él o si no era
tal vez aquel que no volvió a su casa
porque el agua o la tierra lo tragaron
o lo mató una máquina o un árbol
o fue aquel enlutado carpintero
que iba detrás del ataúd, sin lágrimas,
alguien en fin que no tenía nombre,
que se llamaba metal o madera,
y a quien miraron otros desde arriba
sin ver la hormiga
sino el hormiguero
y que cuando sus pies no se movían,
porque el pobre cansado había muerto,
no vieron nunca que no lo veían:
había ya otros pies en donde estuvo.
Los otros pies eran él mismo,
también las otras manos,
el hombre sucedía:
cuando ya parecía transcurrido
era el mismo de nuevo,
allí estaba otra vez cavando tierra,
cortando tela, pero sin camisa,
allí estaba y no estaba, como entonces,
se había ido y estaba de nuevo,
y como nunca tuvo cementerio,
ni tumba,
ni su nombre fue grabado
sobre la piedra que cortó sudando,
nunca sabía nadie que llegaba
y nadie supo cuando se moría,
así es que sólo cuando el pobre pudo
resucitó otra vez sin ser notado.
Era el hombre sin duda, sin herencia,sin vaca, sin bandera,
y no se distinguía entre los otros,
los otros que eran él,
desde arriba era gris como el subsuelo,
como el cuero era pardo,
era amarillo cosechando trigo,
era negro debajo de la mina,
era color de piedra en el castillo,
en el barco pesquero era color de atún
y color de caballo en la pradera:
¿cómo podía nadie distinguirlo
si era el inseparable, el elemento,tierra, carbón o mar vestido de hombre?
Donde vivió crecía
cuanto el hombre tocaba:la piedra hostil
quebrada por sus manos,
se convertía en orden
y una a una formaron
la recta claridad del edificio,
hizo el pan con sus manos,movilizó los trenes,
se poblaron de pueblos las distancias,
otros hombres crecieron,
llegaron las abejas,
y porque el hombre crea y multiplica
la primavera caminó al mercadoentre panaderías y palomas.
El padre de los panes fue olvidado,
él que cortó y anduvo, machacando
y abriendo surcos, acarreando arena,
cuando todo existió ya no existía,
él daba su existencia, eso era todo.
Salió a otra parte a trabajar, y luego
se fue a morir rodandocomo piedra del río:
aguas abajo lo llevó la muerte.
Yo, que lo conocí,
lo vi bajando
hasta no ser sino lo que dejaba:
calles que apenas pudo conocer,
casas que nunca y nunca habitaría.
Y vuelvo a verlo, y cada día espero.
Lo veo en su ataúd y resurrecto.
Lo distingo entre todoslos que son sus iguales
y me parece que no puede ser,
que así no vamos a ninguna parte,
que suceder así no tiene gloria.
Yo creo que en el trono debe estar
este hombre, bien calzado y coronado.
Creo que los que hicieron tantas cosas
deben ser dueños de todas las cosas.
¡Y los que hacen el pan deben comer!
¡Y deben tener luz los de la mina!
¡Basta ya de encadenados grises!
¡Basta de pálidos desaparecidos!
Ni un hombre más que pase sin que reine.
Ni una sola mujer sin su diadema.
Para todas las manos guantes de oro.
¡Frutas del sol a todos los oscuros!
Yo conocí aquel hombre y cuando pude,
cuando ya tuve ojos en la cara,
cuando ya tuve la voz en la boca
lo busqué entre las tumbas y le dije
apretándole un brazo que aún no era polvo:
"Todos se irán, tú quedarás viviente.
Tú encendiste la vida.
Tú hiciste lo que es tuyo."
Por eso nadie se moleste cuando
parece que estoy solo y no estoy solo,
no estoy con nadie y hablo para todos:
Alguien me está escuchando y no lo saben,
pero aquellos que canto y que lo saben
siguen naciendo y llenarán el mundo.