miércoles 9 de diciembre de 2009

Del Software Libre


La semana pasada se celebró en mi ciudad unas jornadas sobre Software Libre. Ya sabéis que mi profesión y mi formación académica están vinculadas con el mundo de la informática. Aunque en el año y medio que lleva abierto este blog no creo haber hablado ni una sola vez de estos asuntos, entenderéis que tenga algún criterio al respecto que me gustaría compartir con vosotros.

Me llama la atención ese batiburrillo de cosas englobados bajo el nombre de Software Libre. Para muchos es sinónimo de: gratuidad, libertad, fuentes abiertas, indpendencia…

Es cierto que hay programas gratuitos que además funcionan muy bien y están muy testados, no vamos a descubrir nada a estas alturas de productos robustos y altamente recomendables como OpenOffice o navegadores como Mozilla Firefox. Pero en el ámbito empresarial esa asociación entre Software libre y gratuito, se resquebraja un tanto.

Durante los últimos meses en mi administración hemos estado envueltos en un proceso intensivo para la adquisición de un paquete de software. Como podéis entender hemos recibido propuestas de diversa índole, muchas de ellas desarrolladas en Software Libre, pues bien, curiosamente las ofertas más económicas eran las planteadas a través de empresas que ofrecían Software Propietario, a menudo las diferencias eran sustanciales, sobre todo cuando se trataba de atender el mantenimiento de las aplicaciones, en esos casos la diferencia entre unos y otros era hasta cuatro veces más caras las propuestas basadas en Software Libre, aportando similares servicios.

¿A qué puede ser debido esto? En teoría hay empresas que han desarrollado productos que se han puesto a disposición de determinadas administraciones. La Junta de Andalucía, por ejemplo, contempla un importante repositorio de recursos a disposición de quienes quieran utilizarlos. Sin embargo la adaptación de esos recursos a las necesidades particulares de las empresas resulta muy costoso y complejo.

A menudo se habla de términos como Fuentes Abiertas, para justificar una cierta sensación de libertad. En teoría hablar de fuentes abiertas es abrir la posibilidad de que cualquiera pueda tener acceso al código fuente de las aplicaciones liberadas y modificar, si se desea, su funcionamiento. Esto, que en principio para cualquier no iniciado suena muy bien, en la realidad resulta impracticable. Llevo programando profesionalmente casi quince años, e incluso para mí resulta complejo entender los programas que hice tiempo atrás, no os quiero contar la dificultad que resultaría entender centenares de páginas de código realizada por no se sabe quién, ni dónde, ni siguiendo qué metodología.

Además existe una especie de vacío alrededor de algunas plataformas desarrolladas con esta tecnología, que impide al usuario final tener un contacto directo con el grupo de desarrolladores inicial. Esto, ya de por sí, supone un hándicap importante.

En cuanto a la sensación de independencia, es decir, de no contribuir a engrandecer ningún monopolio, sigo, y que me perdonen, sin verlo claro. A mi me da igual pagar a una empresa u a otra, en cualquier proyecto que una empresa se embarque lo normal es que se produzca una cierta atadura con el proveedor de Software, ya sea libre o propietario. Lo que realmente importa para una empresa o para una administración ha de ser que las aplicaciones que se implanten estén lo suficientemente probadas como para no arriesgarse en experimentos. A otros les corresponde la labor de inspección o experimentación (tal vez a las universidades). Lógicamente si me ofrecen lo mismo o mejor y además, más barato, no digo gratis, nadie va a ser tan tonto de atarse con ninguna otra compañía, por muy importante que sea. Pero en tanto eso no pase la presencia mayoritaria y exitosa del Software Libre en las grandes empresas será más un deseo que una realidad.

lunes 30 de noviembre de 2009

Una charla inolvidable



La vida está llena de casualidades. Tengo un amigo informático, se llama Raúl Bordallo, y con él hablaba habitualmente de informática, aunque los que me conocéis sabéis perfectamente que no es, ni con mucho, de lo que más me apetezca hablar. Por temas profesionales nos estaba impartiendo un curso sobre un gestor de contenidos llamado Drupal, oscuro y enrevesado como él solo. En una de esas pausas para el café, no hablamos de informática sino de cultura y, curiosamente, resultó que él administraba una web de fomento a la lectura titulada Disfruta la lectura. También, mira por donde, hablamos de Hervás y de que él había estado alojado en el apartamento rural del hijo de uno de los escritores más conocidos de Extremadura: Víctor Chamorro. Yo le hablé de él, más tarde él habló de Víctor en su Web, y al final, entre unas cosas y otras, acabamos proponiendo a Víctor la realización de un encuentro, de una especie de entrevista, en la que me invitaron a participar.

El viernes pasado, tras concertar la cita con Teresa, su mujer, acudí solitario y puntual a Hervás, cargado con algunos aparatejos que, yo pensaba, me servirían para grabar la charla.

Aparqué junto al Ayuntamiento y enfilé su casa. Pulsé el timbre y apareció Teresa, afable y cariñosa, que me recibió con amabilidad, mientras yo depositaba mi trípode, mi cámara, mi ordenador y no se cuántos cablecitos más, en medio de la sala.

Víctor apareció al momento, sin que a mi me hubiera dado tiempo más que de esparcir el material. Le enseñé una publicación antigua, que yo poseía y que hablaba de ellos (sí, de él y de ella), les mostré mi último libro y sin más preámbulos me senté frente a la chimenea a conversar con él. Traté de conectar mi grabadora, que sólo una hora antes funcionaba a la perfección, y no pude. Traté de localizar el trípode en donde colocar mi cámara de video, pero no la encontraba por ninguna parte (y resultaba un tanto descortés ponerme a rebuscar en aquellas circunstancias). Así es que encendí la cámara, la deposité sobre una escalera, apuntando directamenet a nuestros zapatos y con el único objetivo de, al menos, servir como grabadora de sonidos.

Valiente entrevistador, pensaréis.

Al final, la charla, que yo pensaba que sería de una media hora, se alargó durante cuatro horas y media. Más de cuatro horas de intensa, inolvidable, vibrante conversación con un escritor admirable e íntegro.

Mi cámara dejó de grabar a la hora y media, pero en mi mente las palabras de Víctor Chamorro, su imagen, sus gestos, su complicidad, han quedado impresas como un privilegio más que me ha regalado la literatura, como un dulce recuerdo que espero mantener por el resto de mi vida.

lunes 23 de noviembre de 2009

Todo es mentira

Menos tu vientre,
todo es confuso.
Menos tu vientre,
todo es futuro
fugaz, pasado
baldío, turbio.
Menos tu vientre,
todo es oculto.
Menos tu vientre,
todo inseguro,
todo postrero,
polvo sin mundo.
Menos tu vientre,
todo es oscuro.
Menos tu vientre
claro y profundo.

Permitidme que empiece citando los versos que Miguel Hernández dedicó a su mujer embarazada, porque hoy es uno de esos días en los que los suscribo letra por letra. No siempre me pasa, pero a veces tengo la desagradable sensación de que todo lo que me rodea está lleno de falsedad, de que lo único puro, inquebrantable y limpio (o al menos así todavía lo siento) habita en lo más próximo, en lo más íntimo, que más allá de la propia familia todo es oscuro.

Es mentira la moda, es mentira la gastronomía, es mentira el gobierno, la justicia, los reyes, la oposición, la economía. Son mentira los premios, las televisiones, los hombres enchaquetados que me visitan, las grandes frases. Miente la estadística, miente el polígrafo, miente la prensa, mienten los genios, miente la miss, miente el futbolista, mienten los blogs. Todo es mentira…

martes 10 de noviembre de 2009

El muro de Berlín

Ayer se pasaron todo el día conmemorando la caída del muro del Berlín. Con esa excusa se desplazaron decenas de periodistas a la ciudad alemana, haciendo conexiones y programas en directo. Cada vez se está imponiendo más esta extraña moda de trasladar periodistas de un sitio para otro bajo cualquier pretexto, como si no fuera suficiente la presencia del corresponsal de turno.

Yo recuerdo bien aquel día, eran otro tiempos. Por entonces yo tenía una radio multibanda, que habíamos comprado años antes en Ceuta, desde esa radio se sintonizaban emisoras extranjeras que emitían en castellano, como Radio Praga o Radio Moscú, que dedicaba buena parte de su programación a los oyentes cubanos. Durante aquel día, en ninguna de ellas se hizo referencia a la caída del muro, como si pensaran que su silencio sería capaz de detener el torrente que se les venía encima.

Ahora cuando pienso en aquello me vienen a la memoria dos canciones que siempre me gustaron y que hoy quiero compartir con vosotros. La primera de Sabina, que se titula, precisamente, El Muro de Berlín, habla, con cierto desencanto, de lo que supuso ideológicamente esa caída, tiene un cierto toque de tristeza y decepción, cuando dice aquello de:

No habrá revolución, es el fin de la utopía, ¡que viva la bisutería!



 
La segunda canción es un tema de Gabinete Caligari, se compuso un tiempo después, tal vez cuando Boris Yeltsin se encargó de desmantelar el partido comunista ruso (PCUS) y posteriormente la Unión Soviética. La canción repite en el estribillo “quién nos guiará”, reflejando esa sensación de orfandad ideológica que nos legó el final del siglo XX y que todavía perdura.


lunes 9 de noviembre de 2009

Trazar sobre la superficie de un lago



En el manual básico de todo escritor llamado a tocar la gloria, está la obligación de huir de aquello que huela a pueblo, a popularidad, a generalidad. El sabio escritor debe ser capaz de reparar en lo oscuro, en lo raro, en lo minoritario, y a la vez contarlo a los cuatro vientos, para que los demás detecten su pelaje diferenciador y así lo asuman. El escritor erudito, jamás lee superventas, los rechaza de plano, los subestima, piensa, y en eso es irreductible, que son de una calidad inversamente proporcional al número de ejemplares vendidos.

Todo escritor de mirada bohemia y penetrante, ha de declararse, invariablemente, de izquierdas, aunque su concepción cultural y literaria sea rabiosamente clasista, elitista y diferenciadora.

El aspirante eterno a escritor consagrado, olvida que el pueblo, ése al que dice defender desde el otro lado de la barrera, necesita de la poesía para nombrar las cosas, necesita de la literatura para comprender lo que le rodea, para comprenderse a si mismo. Y busca un compromiso, y busca una palabra que, o no la entiende, porque alguien se empeña en que no debe entenderla, o se le niega.

Literatura de apariencia, de pose, efímera, poesía escrita para ser leída sólo y únicamente por poetas.

lunes 2 de noviembre de 2009

Descansa en paz, Padrino Búfalo.




Uno de los hechos que te hacen recapacitar sobre tu edad es la muerte, cada vez más frencuente, de personas que de una u otra manera, han contribuido en ser lo que uno es.

Yo no sé cuantas películas de López Vázquez he visto a lo largo de mi vida. Supongo que las suficientes como para que su imagen sea parte consustancial de mis recuerdos cinematográficos.

Creo que su figura no ha sido suficientemente valorada. El paso del tiempo y el olvido son implacables, incluso para personajes como él. Hoy el telediario abrió con las noticias de esos políticos corruptos, envueltos en sus despreciables tramas, que en poco tiempo desaparecerán de la escena, la mayoría de ellos sin pagar por sus culpas. López Vázquez, por contra, que no fue la noticia de apertura, permanecerá como el reflejo permanente de una época extraña, de unas generaciones que trataron de dar color a las gris posguerra, de un conjunto de actores inolvidables como Fernán Gómez, Paco Rabal, Pepe Isbert, Tony Leblanc, Luis Escobar, Alfredo Landa... que poco a poco se van marchando.

Descansa en paz, Padrino Búfalo.

miércoles 21 de octubre de 2009

Los viajes de Lucas Ventura



Hoy hemos presentado mi libro “Los Viajes de Lucas Ventura”, en la Biblioteca Pública de Cáceres, llevaba ya bastante tiempo esperando a que llegara este día. Primero me avisaron de que sería allá por el mes de Marzo, luego en la feria del libro, luego a finales de junio, más tarde antes del día de Extremadura, después del día de Extremadura… y por fin ha sido hoy. El problema consistía en primer lugar en que debía llegar mi turno, y en segundo lugar en que el libro iba a ser presentado por la Consejera de Cultura, Leonor Flores, y en la agenda de Leonor resulta difícil encontrar un hueco.


No soy una persona nerviosa, pero siempre da respeto enfrentarse a un acto así. Lo he intentado llevar muy preparado y creo que los asistentes han salido contentos, yo al menos he salido satisfecho, que ya es bastante. Me acompañaron en la mesa Luis Sáez, el Director de la Editora Regional de Extremadura y Leonor Flores, a la que yo conocía personalmente de la época en la que era concejala de Izquierda Unida en el Consistorio cacereño.

¡Leonor se había leído el libro! Normalmente en muchos de estos actos los políticos se presentan con el texto escrito por alguien y se limitan a leer la chuleta de mejor o peor manera. Pero hoy la consejera sí se había leído el libro, y me ha hecho mucha ilusión comprobarlo. Ha sido un buen gesto por su parte, como también el que haya accedido a acompañarme en el acto. Se lo agradezco públicamente.

No me ha parecido que vinieran muchos medios. Incluso diría que en la presentación de mi anterior libro, en el Ayuntamiento, hubo más periodistas. Hoy estaban los justos, aunque si os soy sincero no eché en falta a nadie más. A lo mejor es que la sala de hoy, al ser más grande, daba una sensación de mayor desamparo y en el Ayuntamiento estábamos como más concentrados.

Mañana saldrán algunas reseñas en la prensa. También eso me da miedo, desde que existen los comentarios en los periódicos uno está expuesto a que cualquier te ponga a caer de un burro y se quede tan pancho. Son varios los ejemplos de colegas míos que han acabado en semejante pose. Confiemos en la educación y la buena fe de los que me comenten, si es que comentan algo.

Por cierto, creo que ya es hora de que os presente la bitácora que he estado escribiendo sobre mi libro. Ha sido un trabajo duro que a veces me ha impedido participar en el mirador tanto como hubiera deseado, pero el resultado creo que ha merecido la pena.

Echadle un vistazo, si queréis, en la siguiente página.