viernes, 16 de octubre de 2009

He tenido la Gripe A



Pues sí, camaradas, los que han sobrevivido a la gripe A os saludan.

La semana pasada, mi hijo se puso enfermo, le dolía la cabeza, estaba malhumorado, cansado, con fiebre, tos y mocos. No le afectó demasiado, estuvo unos 5 días malo y ni siquiera le llevamos al médico (craso error, de haber sospechado su origen no deberíamos haberle llevado a clase, donde, por cierto había bastantes niños con los mismos síntomas). Coincidió su mejoría con el empeoramiento de mi hija: dos días de fiebres altas y tos, dolor de cabeza y dolor en el pecho (ella nos decía, “me duele aquí, en el corazón”). A mi hija sí la llevamos al médico el pasado martes y, para mi sorpresa, la médica lejos de decirme que se trataba de un virus normal, y que no le diéramos mucha importancia, me comentó que la tuviésemos aislada y sin ir al colegio por lo menos hasta dos días después de que no presentase síntomas. A mi no se me había pasado por la cabeza que tuviera nada raro y le pregunté ¿pero, no me irá a decir que tiene la Gripe A?, a lo que me contestó que ellos no hacían ya pruebas de ese tipo, ni le ponían apellido a la enfermedad, pero que, cumpliendo el protocolo establecido, debían tratarla como si la tuviera.

Ese mismo día, yo empecé a encontrarme mal, destemplado y apagado. Conforme las horas fueron pasando, me empezaron a doler las articulaciones, a subir la fiebre y me entró una molesta tos. Por la noche ya superaba los 38 grados y pasé la típica y horrible noche de fiebre. Al día siguiente me notaba muy machacado, me costaba incluso caminar desde el pasillo a la cocina. Durante todo el día estuve igual, con mucha fiebre, aunque pasé la noche un poco mejor que la anterior. Ayer jueves fui al médico (no me habían podido dar cita antes). Habían pasado dos días desde los primeros síntomas y me encontraba mejor. Cuando entré en el Centro de Salud me fije que estaba lleno de carteles alusivos a la Gripe A, en uno de ellos se podía leer: “Si presiente que tiene la Gripe A, pida una mascarilla en recepción”. Una vez en la consulta, le expliqué a mi médica los síntomas y me revisaron a fondo, al finalizar me dijeron: “Mire, tiene usted la gripe, y en la fecha en la que estamos la única gripe que está activa es la gripe A, pero mantenga la calma, es una gripe que en la inmensa mayoría de los casos transcurre con una sintomatología leve, no obstante, al tratarse de una enfermedad muy contagiosa, deberá permanecer en casa y cuando salga a la calle llevará una mascarilla que le vamos a proporcionar”. De manera que me colocaron allí mismo la mascarilla y llamaron a un celador para que me acompañara a la zona administrativa y me gestionaran la cita del alta. Teníais que ver la cara con la que las personas del centro de salud me miraban, me sentía como un apestado, no me considero muy vergonzoso, pero fue una situación de lo más desagradable.

Hoy viernes estoy mucho mejor, he dormido sin problemas, no tengo fiebre ni tos. Sólo la resaca normal de haber pasado fiebre, pero nada más.

Mis conclusiones son las siguientes. Después de tanta publicidad como se le ha dado a esta enfermedad, uno siente cierto miedo al contraerla. Las respuestas de los amigos, compañeros y familiares, cuando les comentaba mi situación eran poco menos que de terror. Y no hay para tanto.

Mi experiencia, que coincide con la de otras personas que han padecido la enfermedad, es que se trata de una gripe como otra cualquiera, fiebre alta, malestar y dolor de huesos, una gripe que los niños la toleran mejor que los adultos. Lo que me ha llamado la atención es que viene acompañada de una tos fuerte, muy fuerte, improductiva y muy “agarrada” al pecho. Una tos casi dolorosa, que provocaba cierta sensación de ahogo. Creo que por ahí van los tiros de su peligrosidad. Si alguien posee problemas respiratorios se pueden ver agravados por la Gripe A. En mi caso, traté la fiebre con ibuprofeno y la tos con un antitusivo espectorante. También tengo la sensación de que es un tipo de gripe bastante contagiosa (aunque mi mujer, hasta hora, crucemos los dedos, no la ha padecido) y que por eso conviene quedarse el mayor tiempo posible en casa. Otra reflexión que hago es que si, durante las próximas semanas, se producen muchos contagios, el mero proceso de solicitar las bajas y el alta, pueden colapsar los centros hospitalarios. A mi me han citado para darme el alta seis días después de presentar los síntomas.

Una vez más se demuestra el grado de manipulación al que estamos sometidos. Los datos actuales demuestran que esta gripe es seis veces menos mortal que la Gripe común, la de todos los años. No obstante se ha declarado la pandemia mundial, se han comprado toneladas de Tamiflú, se está preparando una delicada vacunación mayoritaria y, sobre todo, se ha generado un estado de pánico general. Existen demasiados puntos oscuros en todo esto, me da la sensación de que, una vez más, alguien nos está tomando el pelo.

Para terminar os recomiendo mucho que visionéis este video, bastante aclaratorio de todo lo relacionado con la gripe A y su vacuna.

Salud para todos.


lunes, 5 de octubre de 2009

Periódicos viejos

Hay cosas que a uno no dejan de sorprenderle. La independencia de los medios de comunicación es una de ellas. Supuestamente el periodista trabaja en libertad, atendiendo sólo a criterios informativos o, en su defecto, criticando en aras del interés general. Pero todo el mundo sabe que esos buenos propósitos están fabricados sólo para aparecer en los libros de estilo. La llamada “línea editorial” no es más que una forma de encubrir una especie de sometimiento, a menudo sutil, a veces grosero, a un determinado poder político o económico. Lo hemos visto recientemente en un periódico de tanto prestigio como “El País” que de repente ha pasado de ejercer de trinchera socialista, a cruel azote del gobierno. Y no por un exceso de celo profesional, ni por contribuir a mejorar la crisis en la que estamos sumidos; el motivo, parece ser, es algo menos romántico, más ordinario: la no concesión de ciertas licencias relacionadas con la TDT de pago. No me la concedes después de lo que he hecho por ti, pues donde antes había flores ahora habrá palos.

Nada, no obstante, que a estas alturas nos pudiera sorprender.

El periódico ABC ha puesto en funcionamiento un servicio gratuito de un valor monumental. Su inmensa hemeroteca puede ser consultada fácilmente desde la siguiente página: http://hemeroteca.abc.es/

Y para mí, que soy coleccionista de periódicos antiguos, este descubrimiento me parece un auténtico tesoro. En cuanto pude, consulté la edición que se refería al día de mi cumpleaños, sin encontrar ningún suceso destacable. Luego me puse a curiosear en otras fechas bastante más convulsas. Por ejemplo, me llamaba la atención consultar el primer periódico posterior al alzamiento armado de 1936. La primera referencia, la encuentro en la edición del 25 de Julio (la guerra civil, como todos sabéis, se inició el 18 de Julio). La podéis ver pulsando aquí. En ella se habla de la adhesión inquebrantable del periódico a la República y al gobierno elegido por los ciudadanos, se tilda de traidores a personajes como Franco o Mola, y se declara lo que ellos llaman “Segunda Guerra de la Independencia.”

Pero amigos, si acudimos al periódico del 1 de Abril de 1939 (fecha oficial de finalización de la contienda), nos encontramos con la misma cabecera, pero ahora el contenido es muy diferente: los republicanos se han convertido en rojos, los traidores, en gloriosos caudillos y la segunda guerra de la independencia, en la “gloriosa cruzada contra los rojos”.

Entiendo que para el desorientado subscriptor del ABC estos cambios de rumbo debían mantenerle, ciertamente, perplejo.

domingo, 27 de septiembre de 2009

¡Ponte el casco, no seas bruto!


Pues eso. Tengo moto desde hace más de 15 años, los últimos cuatro una Kawasaki de 500cc que pesa casi tres veces más de lo que peso yo. Aún así, reconozco que no soy un apasionado de las dos ruedas, e incluso que, con el paso de los años, cada vez encuentro más peligrosa su conducción. Y eso que no suelo correr y que intento ser lo más prudente posible. Ni qué decir tiene que tengo un buen casco y que siempre lo llevo bien sujeto. Me parece una temeridad y una solemne tontería no llevar casco, o llevar un mal casco, o no llevarlo convenientemente atado, o llevar un casco con el único objetivo de evitar una multa.

No es cuestión de rebeldía, el casco te puede salvar la vida y para ser rebelde hay mil causas más interesentes por las que apostar.

Digo todo esto porque ayer salí con mi hijo a montar en bicicleta, pretendíamos dar una vuelta alrededor de la Ronda Norte de mi ciudad que, para los que no seáis de Cáceres, es un carril-bici de algo más de doce kilómetros de longitud. Cuando íbamos por la mitad del recorrido, al bajar una cuesta, un bolardo de los que se utilizan para evitar que circulen coches por el carril, se cruzó en el camino de mi hijo, que no lo vio y saltó por lo aires como una marioneta. Pude ver como caía. Cuando llegué hasta él, sangraba por la cara, por el hombro y por las rodillas. Traté de tranquilizarle y de tranquilizarme, llamé a mi suegro y juntos nos fuimos al hospital. Afortunadamente todo, como se suele decir, quedó en un susto. Hoy se levantó con un raspón bastante feo en la mejilla y el cuerpo dolorido y magullado. Hay una imagen, no obstante, que no se me va de la cabeza: el casco, su pequeño casco azul de bicicleta, con pegatinas de tiburones, estaba roto y presentaba un fuerte golpe en el frontal. No quiero ni pensar lo que hubiera pasado si mi hijo no lo hubiera llevado puesto. Por eso, como homenaje a ese bendito casco que protegió su cabeza, lanzo esta entrada a mi mirador, como recordatorio de lo frágiles que somos.

lunes, 21 de septiembre de 2009

Política mente




Me opongo porque sí, porque lo dices tú que eres del otro partido. Si lo dijera mi partido estaría a favor, independientemente de lo que pensara. Soy político, me va la vida en ello: las cenas, los viajes, las dietas, las influencias... Salgo con mi mujer y parezco un marqués, algunos me saludan por la calle, noto como los vecinos me sonríen (aunque a mis espaldas me calumnien), me piden consejo, me escuchan, me hacen sentir importante mientras les hablo.

No haré nada que vaya contra mi propio destino, seré cauto, permaneceré impávido hasta salir en la foto. En todas las fotos. Si mejorando mi interés se mejora el interés general, me alegraré, pero no será condición necesaria.

Por las mañanas, mientras me ajusto el nudo de la corbata, sonreiré pensando en ti. Me gusta saber que eres ingenuo.

¿La ideología, La democracia? ¿De qué diablos hablas?… Esto siempre ha sido así.

No hay esperanza.

sábado, 5 de septiembre de 2009

Un año ya

Sí, hoy hace un año que, con toda la ilusión del mundo, agarré mi moto, mi novela, cuidadosamente encuadernada con canutillos, y me acerqué a Mérida.
El día estaba medio lluvioso, hacía algo de frío. El editor, Álvaro Valverde, con quien había concertado la entrevista, me esperaba en la sede de la Editora Regional. Aparqué la moto frente a una tienda de ropa y busqué el edificio que me indicaron. No me resultó fácil.
Nunca me consideré un tipo nervioso, pero mentiría si no dijera que me castañeaban los dientes cuando entré en la recepción.
Álvaro fue muy amable y cercano conmigo, más de lo que imaginaba. Uno está habituado a las distancias que se interponen desde los balcones de la intelectualidad y a veces se coloca el parche antes de la herida. En este caso no hubo lugar. Cuando le estreché la mano al irme, ya cargado de optimismo, no imaginaba, ni creo que lo imaginara él, que sólo unos días más tardes sería apartado de su cargo por razones que a mi se me escapan.
Un año después, en vísperas de presentar mi libro en sociedad, tengo sentimientos encontrados, como si la felicidad y el miedo, la confianza y la responsabilidad se entremezclaran en mi mente hasta hacerla bullir. Y eso me cansa.
Invitado con el objetivo de hacer una especie de promoción previa, esta noche he acudido a la entrega de los premios Extremadura a la creación. Hacía mucho tiempo que no acudía a un acto de este tipo, donde suele abundar mucho más la presencia de políticos que la de verdaderos creadores artísticos (más necesitados de sosiego, de soledad y silencios).
No obstante me parece necesario que desde la comunidad se premie a figuras que han trabajado por mejorar nuestra cultura. Este es el caso de José Miguel Santiago Castelo, subdirector de ABC y alguien que desde su atalaya no duda en promocionar todo lo que tenga que ver con Extremadura. Tuve oportunidad de agradecerle la reseña de mi novela que apareció en su periódico hace unos días y sus palabras de aliento. Me encantó además escuchar al escritor portugués Antonio Lobo Antunes improvisar un discurso, breve pero cargado de sensibilidad, con el que dio las gracias.
Fue también interesante el discurso de Guillermo Fernández Vara, el Presidente de la Junta de Extremadura, hablando de la necesidad de potenciar nuestros valores como pueblo, para intentar construir una sociedad que, sino rica en dinero, al menos lo sea en cultura. Amén. Bonito consuelo, ser pobres pero cultos. Que conste que no es una mala inversión. Esperemos que las palabras no se las lleve el viento.

sábado, 22 de agosto de 2009

El paladar maleducado

I don't drink coffee, I drink tea my dear, decía sting en una de sus canciones más conocidas. Emulando al famoso Englishman yo nunca bebo café, solo te. Y no lo hago por esnobismo, ni por hacerme el interesante, simplemente me pasa que tengo un paladar poco educado.
No me gusta la cerveza, ni el vino, ni el whisky, ni el café… soy un bebedor analfabeto. Y bien que me pesa. Hace poco, en mi viaje a Escocia, visitamos alguna destilería y recuerdo especialmente el deleite con el que el orondo guía nos relataba cada uno de los diferentes tipos de licor que se almacenaban. No era difícil imaginarle sentado frente a su chimenea releyendo el periódico con uno de aquellos whiskys en su mano, mientras la lluvia arreciaba fuera. A mi nunca me pasará eso, y lo digo con nostalgia.
La culpa, no obstante, no es más que mía. Me rendí demasiado pronto a esos sabores y ahora…, si acudo con mi mujer a un restaurante no se me ocurre pedir otra cosa mejor que agua. Si me regalan botellas caras, yo las malgasto cocinando algún pescado, si con algún amigote tengo que aceptar la consabida caña, oculto con disimulo el desagrado que me provoca su amargor y si me invitan a un café siempre tengo que dar la nota pidiendo que me pongan un te.
¿Qué le voy a hacer? Intentaré enmendarme, aunque uno empieza a sentirse ya mayor para cambiar determinados hábitos.
Hablando de hacerme mayor, recuerdo que en la época en que se rodó el video de la canción de Sting con la que iniciaba la entrada, mi madre me hizo un guardapolvo negro (en aquella época las madres sabían hacer de todo), que se parecía mucho al que lleva el protagonista y con el que pasé la Navidad en Madrid. Recuerdo que el viaje duró casi 6 horas, en un tren que repartía el correo por cada una de las estaciones que llevaban a la capital. Veis, pidiendo en un bar no, pero caminando por el Paseo del Prado con aquel guardapolvo negro, me recuerdo de lo más moderno.
Por cierto, el saxo alto que acompaña la canción y el toque de jazz me parecen insuperables.

martes, 18 de agosto de 2009

Un atardecer


Hoy hemos regresado de vacaciones. De nuevo confiaba en tener Internet para conectarme a mi blog, pero no ha sido posible. A cambio he tenido la oportunidad de leer en calma y de alejarme por unos días de las teclas y el brillo de una pantalla.

Hemos viajado al Algarve portugués. A veces sucede que te esperas algo bueno de algún sitio y te defraudas, pero en otras ocasiones sucede lo contrario. Éste es el caso. Llegado el verano mi mente sólo piensa en el norte. Llevo mal el calor, llevo mal la rutina del paisaje seco y amarillo de mi tierra durante estos meses. Y tampoco me han atraído nunca las playas abarrotadas del Sur. Pero me equivoqué, el Algarve es hermoso, no es verde, ni desborda esa melancolía portuguesa que inunda las ciudades de un tono y un olor tan especial, pero sus gentes tienen el mismo carácter humilde y abierto del resto del país.

Hace poco leí una encuesta en la que se decía que algunos portugueses estarían interesados en pertenecer a España. Es curioso porque yo he pensado muchas veces lo contrario, que no me hubiera importado haber nacido en Portugal, me identifico mucho más con ellos que con otras regiones. Me gusta su idioma (creo que sus locutores de radio son los mejores del mundo) y presumo de no andar escaso de lo que ellos llaman “saudade”.

Hablando de saudade, durante estos días de vacaciones lo pensé a menudo, mis hijos tienen actualmente 9 y 6 años, junto con mi mujer formamos un bloque familiar de lo más compacto, nosotros actuamos de jefes de la manada, mientras nuestros hijos se dejan guiar, correteando continuamente a nuestro alrededor. Ayer mismo, en la playa, persiguiendo sus pies por la arena, jugueteando, arrastrado por sus risas interminables, sentía que aquello que me pasaba era lo más parecido a la felicidad. Lejos de obligaciones, de enfermedades, de tristezas… sólo sus risas, sus besos, mis mordiscos… comprenderéis si os digo que me hubiera encantado parar el tiempo en ese instante, impedir que los años fueran envejeciendo mis pasos y alejando a mis hijos hacía su propio destino, entenderéis que os diga que lo hubiera dado todo porque aquel atardecer durara para siempre.